donde queremos fabricar una realidad porque la nuestra se acabó

donde queremos fabricar una realidad porque la nuestra se acabó

Odio las mentiras.

Esas pequeñas cosas en que mentimos, donde no hay necesidad (si acaso alguna vez son necesarias, o más bien, paliativos mientras encontramos solución a las cosas, esperando, ojalá así sea, se resuelvan por medio del olvido), donde los amigos no juzgarán, donde queremos fabricar una realidad porque la nuestra se acabó.

Se acabó precisamente por las mentiras. Porque pretendemos fingir que nada malo ocurre, mientras tratamos de pagar las ofensas con la misma moneda.

Las mentiras son una distorsión de la realidad. Crean nuevas corrientes en nuestra vida que llevan a ninguna parte, se extienden sobre sí mismas formando una especie de laberinto del que no es posible salir salvo rompiendo esas vías. Rompiendo con nuestras vidas. O rompiendo el silencio para reconocer aquello en lo que hemos mentido.

Las mentiras son una traición, porque acudes a solicitar ayuda y luego reniegas de ella. Siempre iremos aprendiendo de nuestros errores y sólo mediante eso, desgraciadamente, definiremos el verdadero camino para nuestras vidas y para quienes dependen de nosotros.

Pero esas mentiras pequeñas, que no encierran nada malo en sí, salvo que son mentiras, siempre afectan.

Insistiendo en las mentiras no eres la misma persona. Tu imagen se ha transformado y a fuerza de repetición, ese cambio es permanente.

Por eso las odio. Porque me convierten en quien no soy. Y también cambian a los demás, de modo que se me vuelven irreconocibles.

Digo la verdad al 50%”, “dos terceras partes son verdad”, “es la verdad, pero no toda la verdad”

Sí, no solo debo escucharlas, también he sido catalogado por ellas.

“Es la verdad, pero no toda la verdad”. Cierto es que cuando omitimos parte de la verdad, el resultado es equiparable al de las mentiras. Nosotros sabemos cuando esa omisión es honesta o constituye una forma de engañar a los demás.

Al final somos quienes decidimos si nuestra vida es libre, sin ataduras ni complejos, o deseamos crear una ficción, pasando los días bajo una sombra para ocultarnos, aunque esa sombra nos marchite las sonrisas, y sólo queden máscaras.

Siempre puedes hacerme sonreir.
A continuación:

Sentir esa palabra

Sentir esa palabra