Trato de acostumbrarme a tu ausencia

Cuando me siento solo – demasiado, incluso en medio de multitudes- pienso en ti.

En realidad jamás te olvido. Simplemente ese recuerdo tuyo se hace tan intenso que nuevamente se me entumen los dedos, como si intentará cerrar las manos para sujetarte, a fin de que no te fueras. Y me resulta imposible.

¿Sabes? Cierro los ojos con mucha más frecuencia. Me ausento del mundo. Quisiera conquistarlo unas veces y sostenerlo en mi mano como trofeo. Pero en ocasiones no puedo siquiera ponerme en pie. No puedo romper esa primera barrera que impone el ánimo tan desgastado.

Apago las luces y me quedo despierto –ahora con los ojos abiertos- fijándome en la nada y en lo espeso de la oscuridad. Te imagino a lo lejos, suspendida. Veo en tus ojos la decisión de dar marcha atrás – en mi mente todo parece posible.

El sueño se ha vuelto un fantasma para mí. Y mantengo la vigilia siempre, justo en aquella hora en que por última me hallé junto a ti. Aunque ya no pudieras comprenderme.

El sueño es para mí la mitad de la vida; la otra, lo es la muerte.

¿Y cómo esperas que me acostumbre a estar sin ti? ¿Cómo quieres que no imagine que al menos el dolor no me alcanzará también hasta el punto de la muerte?

Insoportablemente haces falta en mi vida. Luego de una sonrisa diaria, ahora ni una sola palabra.

Y aunque a veces era tan sólo una mirada. Parece que me extingue si se me pierde tu recuerdo.

Por eso sigo escuchando la dulzura de tu voz cada día, y me aseguro de sentir con toda la misma emoción, para no dejar de pensar en ti. Porque perderé entonces el último refugio de esperanza que me asalta a cada mañana.

Me imagino una vez más reflejándome en tus amorosos ojos. Y que en cada parpadeo tuyo, se me llene de más motivos la vida.

A continuación:

Siento el silencio cuando tratas de decir adiós sin escribir una palabra

Siento el silencio cuando tratas de decir adiós sin escribir una palabra