“…aunque yo mismo no la vea.”

Las horas siguen pasando. De manera monótona el sonido del reloj marca el ritmo de los latidos. Una tras otra, cada una de tus imágenes vuelve a mi mente.

Tu rostro en cada ángulo refleja a veces la unicidad de tu ser. Otras, el recuerdo de quien vuelve cada vez que estás junto a mí.

La desfachatez que encuentras en la vida ha sido otro de los males que el mundo ha arrastrado desde que ella se fue. Tu habla inconsistente, de manera casi sistemática, hace dudar de la realidad del universo. Me hace preguntarme si eres verdadera o eres solamente un reflejo del pasado.

Te ocultas en la distancia, en el silencio, en mis recuerdos – para no descifrar quién eres en verdad. Pero desde allá en la lejanía en que te desvaneces sigues generando nuevas imágenes que se traslucen en mi mente. Como si fueras una luz perpetua frente a mis ojos, estoy obligado a verte. A soñar contigo, incluso cuando ya no siento, y parece que estoy muerto.

Estoy listo para aceptar tu propuesta.

Soy capaz ahora de responder todas tus preguntas. Y puedo también, sacar la verdad de ti. Te conozco – hace mucho – y entiendo el profundo conflicto de tu alma. Te conocí antes de verte aún. Pues eres la materialización de todos esos sueños que presencié desde mi infancia.

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Abismo

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